La gran reforma

Imposible quedarse mudos ante las benditas reformas mexicanas.

Aunque solemos utilizar la vida para vacacionar sabrosamente, oficialmente nos dedicamos a la creatividad y estrategia políticas (¿pues qué le podemos hacer?...), por ello, nuestra profesión nos impele a desmenuzar esta clase de acontecimientos en cada reunión con socios, amigos y familiares con el mismo fuego que enciende el corazón de quien habla de su pasión más grande.

Por otro lado, quizá estamos al borde del vómito con esta marea política de iniciativas zurdas y diestras, afirmaciones patrióticas, apologías anticipadas, descalificaciones a ultranza, suposiciones (si no supersticiones) malévolas y notas o artículos a favor y en contra del paquete de reformas aprobadas que, al final del día, no logramos establecer conclusiones sólidas sin sentirnos nauseabundos. Pero, como se trata de una cuestión tan apasionante y determinante para el futuro exitoso del país en el que residimos actualmente, nos hemos tomado una buena dosis de antiácidos efervescentes para compartirte nuestra breve perspectiva sobre la guerra comunicativa más importante de los últimos años en nuestro "México lindo y querido".

Lo más importante sobre la reforma más importante: todos en esta tierra necesitamos del petróleo y de una industria energética verdaderamente funcional y rentable.

Y en esta búsqueda por modernizar PEMEX, deben establecerse consensos muy específicos entre los partidos para puntualizar las condiciones legales que faculten una inversión responsable en una industria que aporta el 40 por ciento del presupuesto anual (¡así de importante es este dilema!). Está demostrado que países que han decidido contrarrestar la inoperancia de algunas empresas paraestatales mediante el apoyo de capitales privados han logrado salir adelante con números impresionantes (Brasil, por ejemplo). Y muchos dirán con tono irónico y pesimista "pero esto es Méeeexico..." por lo que siempre habríamos de esperar algún chanchullo maravilloso. Y tal vez tengan mucha razón, sin embargo, creemos que el Estado mexicano debe optar por un sistema que le permita levantar sus potenciales tan rápido como sea posible pues requiere un empuje al nivel, tanto de sus riquezas culturales y naturales, como de su desigualdad social y necesidades de modernización.

Firma del Pacto por México. 2 de diciembre de 2012.

Comunicativamente, la estrategia del gobierno federal mexicano, a través de sus spots, impresos, anuncios de radio, campaña en redes y demás, tiene la ventaja sobre cualquier otra de oposición ya que resulta mejor construida y mayormente impulsada por los distintos medios de comunicación. Ya todos podemos ingerir y digerir los nuevos mensajes presidenciales donde son promovidos y justificados los grandes cambios que hoy “mueven a México”.

Desde luego, las intenciones políticas siempre se han prestado a las malditas dudas, por lo que todos los actores que intervienen en el cabildeo de los máximos asuntos sociales, educativos, económicos, jurídicos, etcétera, tienen que unificarse para velar porque estos nuevos estatutos constitucionales den resultados de manera constante y permanente y terminen por reforzar la confianza de la gente en la reciente administración.

Promulgación de las leyes secundarias que completan la Reforma Energética. 8 de agosto de 2014.

He ahí, un peligro que late debajo del triunfalismo que puede avecinarse tras la promulgación de las reformas. Dar el paso hacia la renovación siempre es necesario, pero, más necesario todavía, es no fallar ante aquellos a quienes siempre han estado destinados los mayores esfuerzos políticos: la población que le da existencia al ejercicio del poder.

Ya hemos hablado de que la gente implora estrategias de comunicación creíbles y creativas al momento de elegir a sus representantes y respaldar iniciativas y proyectos nuevos y, por esta razón, la aprobación de once reformas de tan magna trascendencia puede convertirse en una espada de doble filo si no deviene en un beneficio constatable para quienes han de juzgar los resultados.

Ésta es una oportunidad dorada para reivindicar la política ante millones de personas que dudan de la capacidad y transparencia en el actuar de sus dirigentes y aliados. En las manos de quienes les toca regular la aplicación estas reformas está el destino de muchas cosas más que sólo los recursos del estado y los derechos de la gente: están la propia imagen y pervivencia de una clase política que tantas dificultades enfrenta para realizar sus labores bajo el encono y desinterés de quienes le dan razón de ser.



Si todo termina por ser un espejismo de prosperidad y bienestar, el clima político que hoy se mantiene en calma puede convertirse en una tormenta de consecuencias seguramente ruinosas pues lo que hoy vemos en todos los medios, no sólo se trata de un trabajo exitoso en cuanto al cumplimiento de una agenda legislativa que tuvo la pretensión de "hacer historia", sino de la ocasión idónea para instaurar una extraordinaria, trascendental y verdadera reforma política.

Para finalizar este post, deseamos esclarecer que ahondar en cuestiones ideológicas no constituye nuestro cometido ya que nuestra labor comunicativa no descansa en el proselitismo o la exposición de nuestras predilecciones individuales. Desde la perspectiva del oficio que practicamos, lo más importante es conseguir formas fidedignas y progresistas de encumbrar objetivos que aseguren una comunión renovada y fortalecida entre mensajeros y receptores del ejercicio político de cada día.

Y por el bien de los actores y público de éste, nuestro espectáculo favorito, que la reforma más grande de México, sea la del pensamiento.

Así es El Equipo.

 

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