'Déjà vu' a la mexicana

Pues atraparon a Joaquín El Chapo Guzmán y comenzó el torrente de preguntas, criticas, incredulidades, los desplegados a ocho columnas, así como los rumores y los reportajes que confunden a la opinión pública.

Honor a quien honor merece, pues considero que la detención de un líder criminal de tal envergadura es un acierto que puede festejarse con bombo y platillo así como una demostración de que las instituciones aún tienen la fortaleza para cumplir con su trabajo.

Pero bueno, ante este espectáculo mediático me hago las siguientes preguntas: ¿qué con la economía? ; ¿qué con la política interior?; ¿qué con la política exterior que nos obliga a extraditar al enemigo público número uno sin que antes haya cumplido su condena por los crímenes perpetuados contra México?

Después de darle muchas vueltas al asunto, de formular preguntas que no tienen repuestas claras –no por que no existan, sino por que nadie ha destapado las causas verdaderas– y de hacer un recuento de los acontecimientos que ha tenido que enfrentar el gobierno federal, me es imposible no hacer un comparativo de los últimos sucesos con los desastrosos sexenios de finales del siglo XX. Hagamos un ejercicio de memoria:

Comencemos con los aciertos. La sonadísima detención de Joaquín Guzmán Loera hace que salte a mi memoria las pesquisas y sucesivas capturas de otro célebre narcotraficante sinaloense Rafael Caro Quintero y del escalofriante y pintoresco ex jefe de la policía capitalina Arturo Durazo Moreno El Negro a principios del periodo presidencial de Miguel de la Madrid, el llamado sexenio de la renovación moral; sexenio que no logro sacar al país de la crisis económica en la que vivía y vive y terminó con el vergonzoso atentado contra la libertad de elegir a nuestros gobernantes con el fraude de 1988.

Otro acierto fue la detención de Elba Esther Gordillo, lideresa del Sindicato de Trabajadores de la Educación, al inicio del presente sexenio, hecho que emula la inolvidable aprehensión del líder del sindicato petrolero Joaquín Hernández Galicia, La Quina, también a inicios del sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Lo que en aquella época nos dio cierto aire de esperanza, de que a Los Pinos había llegado un líder con mano firme y buenas intenciones, culminó con una devaluación alucinante.

El reciente escándalo de la casa blanca hace que recuerde la mansión que el ex presidente José López Portillo y Pacheco hizo construirse al final de su sexenio: un verdadero palacio en una de las colinas de Bosques de la Lomas (en un tiempo llamada la “Colina del Perro” en referencia de su lamentable declaración donde aseguró que defendería el peso “como un perro” justo antes del crack económico de 1982).

José López Portillo llora en su último informe presidencial. Septiembre, 1982.

Los escándalos referentes a viajes, estudios en el extranjero, maquillistas personales durante visitas oficiales, donde se han visto involucrados algunos miembros de la familia presidencial, hacen recordar nuevamente la frivolidad, el despilfarro y los excesos de los sexenios de José López Portillo y Luis Echeverría.

Vienen a mi mente los casos del ‘avión de redilas’ que llevó a Argentina a un grupo de intelectuales y funcionarios públicos de al menos 500 personas, o la estructuración de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México creada expresamente para que Carmen Romano, entonces esposa del presidente López Portillo, ejecutara conciertos de piano y orquesta.

Todas estas experiencias que guardan un paralelismo lamentable, deben motivar al actual gobierno a corregir el rumbo e intentar pasar a la historia como una administración que comenzó con traspiés pero que al final fue capaz de sobreponerse a sus propios errores y de entregar un país con una economía y política interna estables, así como una política externa que reivindicó nuestra soberanía y el valor de las instituciones nacionales.

Ya habló el escritor Robert Greene en sus 48 Leyes del Poder sobre lo fundamental que resulta dominar el arte de la oportunidad, es decir, saber aprovechar las ventajas escondidas en los acontecimientos cotidianos. Este es el momento en que el gobierno mexicano debe mostrar el talante y paciencia suficientes para identificar todas las oportunidades de mejorar y actuar en consecuencia de manera razonada pero, sobre todo, eficaz.

Enrique Peña Nieto, actual presidente de México.

 


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