Los actores políticos y las redes sociales

En un viaje a Glasgow, Adam Greenwood, un joven británico de 16 años, estaba haciendo uso del sanitario de la compañía Virgin Trains y se dio cuenta de que el papel higiénico se había acabado, por lo que decidió tuitear su peculiar «desgracia» y pedir ayuda al equipo de redes sociales de la compañía.

El departamento digital de Virgin Trains tomó detalles del pasajero y le hizo llegar un rollo de papel. El joven, un influyente bloguero, agradeció la atención oportuna de la compañía y la noticia se hizo viral en redes sociales y ocupó portadas de los principales periódicos de Reino Unido. Así, con una simple acción, Virgin Trains se posicionó como una empresa que, sin importar nada, escucha y resuelve los problemas de sus clientes de manera inmediata.

Todo lo contrario ocurre con los políticos, ya que su reputación digital empeora en proporción a la mala imagen que se tiene de su profesión. No hay forma simple de revertir lo segundo, pero sí hay maneras para mejorar la reputación digital.

Es en redes sociales, donde muchas veces la crítica apunta a que los políticos, no escuchan ni dialogan con sus seguidores. Esta realidad debe movilizar a los estrategas de las organizaciones políticas a no quedarse rezagados ante el avance de las nuevas tecnologías, a someterse a cambios drásticos para poder seguir el ritmo de las exigencias que plantean los votantes pues quedarse atrás implica perder cualquier ventaja.

Existen dos elementos claves que nos ayudarán a tomarle el pulso a las plataformas sociales: la conversación y el co-gobierno.

LA CONVERSACIÓN

Éste es el principal mantra que cada político debe tratar de establecer con su comunidad online. Las organizaciones políticas en este escenario tan complejo deben ser capaces de aumentar la escucha social, entender las opiniones y comentarios de los seguidores claves, así como de estar preparados para solucionar los distintos conflictos que puedan aparecer.

La participación en la escucha social es, sobre todo, un diálogo, y toda buena conversación comienza escuchando, de forma que las organizaciones políticas que lo tengan en cuenta conseguirán mayor empatía con su comunidad.

EL CO-GOBIERNO

Co-gobernar significa preguntar, escuchar, atender, dialogar.

En el mundo actual las campañas son permanentes. El poder de la opinión pública significa que los funcionarios deben tener la aprobación de la gente constantemente, no solo cada cuatro años.

El simple hecho de que un político retuitee, comparta o ponga me gusta en una publicación ajena a él, ya implica una experiencia para quien sea beneficiario de esta señal de aprobación social. En el ámbito privado, la experiencia del cliente se ve como una ventaja competitiva y, en una elección cerrada, puede representar la línea que separa el triunfo de la derrota.

Un estudio apoya la idea de que a la hora de relacionarse con organizaciones, la generación del milenio no utiliza el teléfono, pues hacen del video su primera opción de comunicación a través de herramientas como Facebook Live o Periscope.

El mundo de la política no puede ignorar el creciente poder del nuevo electorado impulsado gracias a la innovación tecnológica, no pueden ser apáticos a la influencia del ciudadano en la tecnología y las expectativas del elector. Necesitan conocer su audiencia y ser capaces de utilizar, de modo efectivo, la tecnología más adecuada para relacionarse con su comunidad objetiva.

Hacer caso omiso de todo el conocimiento que está a la disposición de las organizaciones puede ser perjudicial en el futuro para la reputación del político. El político más exitoso será aquel que «comparta la información correcta, en el momento adecuado, a través del método más conveniente, y en el contexto más apropiado».

 


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